Programa Maternidad Anticulpa:

de sufrir la maternidad a DIS-FRUTAR
de tu papel como madre

Y esto es lo que busco en este programa, que puedas dar fruto (aprender) mediante una nueva forma de relacionarte contigo misma, con tus hijos y con el resto del mundo.

Maternidad Anticulpa es…

Un programa de acompañamiento ONLINE o PRESENCIAL individual de 12 semanas, para mujeres que se sienten desbordadas en la relación con sus hijos y desean disfrutar de una maternidad bonita y tranquila. Mujeres que anhelan sentirse en paz con ellas mismas.

Madres que están HASTA LA CONA (como se dice en mi tierra y a mí tanto me gusta decir).

Que se sienten perdidas, cansadas y hartas por no sentirse gratificadas en el área de su vida en la que más se han dejado la piel.

Acompaño a las mujeres que han decidido —conscientemente o no— experimentar la maternidad sin victimismo.

Si este es tu caso, deseo que recuperes la responsabilidad quizá más profunda de tu vida: tu responsabilidad emocional. Que poco tiene que ver con tener la nevera llena, la ropa lavada y planchada y sobreproteger a los hijos.

Deja de ser un saco de boxeo para tus hijos.

Es momento de que pongas la atención más en ti misma y no tanto en tus hijos. Verás como, sorprendente, ellos volverán a ti.

Una vez que decides soltar y comenzar a ocuparte de ti, con todo lo que esto implica, ocurre la magia. Tus hijos empiezan a acercarse, a preguntarte, a querer compartir ratos contigo…

Maternidad Anticulpa es un programa diseñado para que madres como tú puedan seguirlo sin dificultad. Solo requiere valentía por tu parte, para tomar la decisión de iniciar este viaje hacia dentro.

Mi programa no va de darte herramientas para que evadas el dolor y sigas escapando de él. Ni va de buscar culpables o de enseñarte a domesticar a tus hijos para que hagan lo que tú quieres o te hace sentirte bien a ti.

Es más, si lo que buscas son herramientas de evasión o técnicas concretas para cambiar a tus hijos, este programa no es para ti.

Ahora bien, sí es para ti si estás dispuesta a comprometerte contigo misma, poner el foco en tus propias necesidades y hacerte responsable de tus pensamientos, emociones y acciones.

Lograr equilibrio entre el sentir, el pensar y actuar es una fuente de salud física y mental. Por eso Maternidad Anticulpa será un antes y un después en tu vida.

DESCUBRIRÁS QUE EL CAMBIO QUE NECESITAS NO IMPLICA ESFUERZOS, SINO PRESENCIA, COMPROMISO Y CONFIANZA PARA DISFRUTAR DEL QUE SERÁ —SIN DUDA— EL MEJOR VIAJE DE TU VIDA.

Y te sentirás acompañada porque yo voy a estar a tu lado. Una de mis labores principales dentro del programa es que no te sientas sola en ningún momento ante todo lo que se va a ir destapando y despertando en ti, que a veces es un poco abrumador y hace desear “tirar la toalla”.

De forma sencilla y progresiva irás incluyendo pequeños cambios en tu rutina diaria. De manera fluida y tranquila. A un ritmo natural.

Esto es lo que vas a descubrir durante el programa:

Vas a comprender por qué tus hijos tienden a pagar sus problemas contigo y a volcar en ti todo lo que no están sabiendo gestionar dentro de ellos.

    Reconocerás los principales desaciertos que cometemos las madres sin sospechar el precio que tienen a la larga.

Dirás adiós a la madre víctima y hola a la madre consciente, en un cambio de paradigma que te hará recuperar «tu vida».

Entenderás más a tus hijos, incluso al que tiene peor comportamiento.

Gestionarás mejor las reacciones de tus hijos, lo que reducirá o incluso disolverá los conflictos en la convivencia.

Harás tuyos nuevos comportamientos impregnados de una mayor inteligencia emocional, lo que favorecerá el bienestar familiar.

Aprenderás a poner límites sin sentirte culpable.

¿Cómo funciona Maternidad Anticulpa?

Esto es lo que vamos a trabajar durante las 12 semanas que dura el programa:

El valor principal que te aportará el programa es una mejora relacional en general, pero sobre todo contigo misma.

Al crear nuevos cambios de paradigma en tu rol como madre, encontrarás sentido a la frase “la buena madre es la que se va volviendo innecesaria” cuando ya toca.

Con Maternidad Anticulpa vas a comprender que la ansiada calma está en tus manos y que solo se trata de ir tomando pequeñas decisiones que te harán sentirte más tranquila, para ir volviendo —poco a poco— a restablecer tu vida.

Aprenderás a gestionar momentos de conflicto, aportando paz y tranquilidad.

Descubrirás cómo estar por encima de situaciones conflictivas, respondiendo de una forma más sana a las reacciones de tus hijos.

Irás soltando y desapegándote de tus hijos progresivamente, cruzando tus propios miedos.

Pondrás límites desde la serenidad, sin sentirte culpable y sin temer que te dejen de querer (¡porque no eres ningún cero a la izquierda!).

El camino que vamos a recorrer juntas tiene momentos intensos, pero con mi acompañamiento le encontrarás incluso una parte divertida… ¡que no hay que tomarse la vida tan en serio!

Ponerle un poco de humor y no tomarse como algo personal las reacciones de los demás facilita el proceso; pero no necesitas tener habilidades previas de inteligencia emocional para sacarle provecho al programa.

Para quién es
Maternidad ANTICULPA

Para quién no es
Maternidad ANTICULPA

¿Qué no es Maternidad Anticulpa?

Esto no es un programa para cambiar a los hijos de nadie.

Tampoco hacemos terapia conjunta ni nada de eso.

Es un espacio en el que las mujeres se convierten en protagonistas de sus vidas y dejan de sentirse víctimas de los demás y de las circunstancias.

¿Y quién soy yo para crear un programa como Maternidad Anticulpa? ¿Por qué fiarte de mí para que te acompañe en este proceso?

Ayudo a mujeres a mejorar la relación con ellas mismas mediante el programa terapéutico que a mí me hubiese gustado encontrar hace años, cuando descubrí que era incapaz de relacionarme con mis hijos de forma sana…

Como terapeuta, me he especializado en el dolor de las madres porque este tipo de dolor tiene particularidades que solo una mujer con hijos puede experimentar y un potencial inmenso para ser utilizado a favor. El «truco» está en considerar a nuestros hijos maestros de vida y utilizar el dolor como palanca.

Este programa contiene la ayuda emocional que yo necesité como madre y nunca encontré. De haberla tenido me habría ahorrado mucho sufrimiento. Está muy bien desahogarse, exteriorizar lo que sientes, meditar, escribir lo que piensas para canalizarlo, alejarse de lo que no te hace bien, y todo ese rollo…

Pero, para mí, todo eso es quedarse a mitad de camino. Porque…

¿de dónde coño vienen todo ese dolor, miedo y culpa?

Para sanar hay que ir más allá, a lo más profundo. Me refiero  explorar lo espiritual. regido por leyes que —aunque las desconozcamos u obviemos— funcionan. Y tanto que funcionan.

¡Basta ya de esquivar lo que sientes! De huir del momento de sentarte a afrontar las situaciones y averiguar de dónde viene tu sentir. Para reencontrarte con esa paz que tanto anhelas y poder actuar desde la serenidad, debes cruzar esas emociones. Solo así se logra pasar de sufrir la vida a vivirla.

La teoría suena fantástica, pero ¿cómo llevar todo esto a la práctica?

Precisamente por eso el programa Maternidad Anticulpa tiene una duración de 12 semanas. Porque de poco vale que yo que te diga que tienes que poner límites, darte a respetar, ser fuerte, quererte más y todas esas cosas si tú no sabes ni por dónde empezar.

Aquí se trata de acompañarte en todo el proceso para que, poco a poco, puedas ir implementando esta nueva forma de tratarte a ti misma, creando tu nueva hoja de ruta personal, conociéndote cada vez más a través de lo que sientes. 

Como resultado, inevitablemente mejorará la relación con tus hijos y disfrutarás también de beneficios colaterales (en el ámbito laboral, financiero, familiar…) que surgirán de esta nueva filosofía de vida.

Es un programa práctico. Aquí vienes a currar, a avanzar (para atrás, solo para coger impulso). A aprender a ver la vida desde un prisma diferente. 

Huyo de los ejercicios que quedan muy bonitos sobre el papel. Lo mío es ir poniendo en práctica todo en el día a día. Y para que lo consigas te haré de espejo y de «Pepito Grillo», siempre a tu lado. A solo un Whatsapp de distancia.

De manera que el primer día que logres poner un límite con cierta seguridad (horarios de comidas o salidas, uso del móvil, comportamientos…), y tu hijo NO reaccione como tú deseas, puedas mantener el tipo a pesar del dolor y la incomodidad y empieces a disfrutar del proceso, al darte cuenta de lo absurdo que era seguir haciendo lo mismo si querías obtener un resultado diferente.

Por supuesto, de vez en cuando volverán a surgir tus antiguos patrones de victimismo. Esos que te hacían recular, levantar castigos, mirar hacia otro lado y consentir que no se respetasen las normas no negociables sin que hubiera consecuencias… ¡pero acabarán por desaparecer! Te lo aseguro.

Y ahora te voy a decir algo duro pero real:

El amor que buscas de tu hijo no llega porque seas una madre entregada y abnegada o porque estés todo el día preocupada por él. La relación con tu hijo mejora cuando tú empiezas a darte valor y a HACERTE CARGO de tu propia vida.

Hacerte cargo de lo que sientes.

Porque si piensas que todo lo que sientes, lo bueno y —más aún— lo malo, te lo provoca otro… esa es la causa primera de todos tus males.

Y, si tú quieres, yo te lo explico.

¿Vives la maternidad
o la SUFRES?

¡Esa es la cuestión!

Supongo que si estás leyendo esto es porque, de alguna forma, estás sufriendo en tu papel de madre.

Así viví yo durante muchos años, hasta que me hice responsable de mis propias emociones y reacciones. 

¿Para qué me estaba sucediendo todo aquello tan doloroso? ¿Qué me quería decir la vida? ¿Era hora de tomar decisiones?

Dejé de poner el foco en mis hijos para ponerlo más en mí, en mi mundo interior.

Y empecé a usar la relación con mis hijos como indicador de aspectos míos que debía revisar o cambiar; la aproveché para conocerme más e ir creciendo.

 

Es hora de cuestionar ciertas creencias que te han acompañado hasta ahora y han provocado que te aferres a sentimientos y situaciones que te dañan.

Ha llegado el momento de prestar atención a las emociones que te generan estados anímicos tan incómodos. Porque, solo atendiéndolas, empezarás a conocerte mejor a ti misma —como mujer— y a vivir en el presente y sin tantas expectativas.

No hay otra manera.

Y, por todo esto, nace Maternidad Anticulpa.

Advertencia

Es muy probable que, gracias a este programa, te redescubras como madre y eso es maravilloso… pero ya nunca volverás a ser la misma.

Serás mejor

Para afrontar este proceso se requiere mucha valentía y compromiso porque quizás descubras heridas profundas, olvidadas y sin sanar dentro de ti, que te van a remover. Te tocará reinterpretar tu historia.

Pero una vez que des espacio, y atiendas y entiendas lo que estaba pendiente de ser visto y revisado en ti, tus relaciones irán mejorando.

Conforme avancen las doce semanas del programa, verás cada vez más clara la decisión de no volver atrás.

El pasado, impregnado de dolor, es pasado. El presente es el único momento en el que tienes la oportunidad de poder evolucionar.

Por todo esto, para acceder al programa de Maternidad Anticulpa, es imprescindible una sesión de valoración previa. En ella, yo comprobaré si soy la profesional idónea para ayudarte a transitar lo que estás viviendo, juntas determinaremos si es «el momento» para seguir este proceso, y tú podrás saber si mi programa y yo somos lo que estás buscando.

Gracias a Maternidad Anticulpa:

Los cambios que experimentarás con el Programa Maternidad Anticulpa repercutirán en todas las áreas de tu vida, casi sin darte cuenta.

De forma natural y progresiva sentirás la energía suficiente para empezar a revisar otros aspectos de tu vida (trabajo, amigos, familia…) y a tomar decisiones que llevas tiempo postergando por miedo.

Lo más grande que puedes hacer por tus hijos es ser feliz primero.

Preguntas frecuentes

¿Cuál es la inversión para acceder al programa?

Puedes consultar mis tarifas AQUÍ.

En la sesión gratuita de valoración previa, te explicaré en detalle todo lo que viene incluido con el pago.

¿Al terminar las 12 semanas, ¿hay posibilidad de seguir trabajando juntas?

Sí, por supuesto. Te contaré en el transcurso del programa la importancia, sobre todo, del mantenimiento que requiere un proceso de este tipo y la existencia dentro de mis servicios de otros programas en línea.

¿Por qué las sesiones tienen que ser semanales?

Es imprescindible que los encuentros sean semanales en el transcurso de este programa de tres meses para que en la práctica haya una supervisión directa en los cambios de hábitos, para deshacer viejos patrones de comportamiento que ofrecerán mayor resistencia, si hay demasiado tiempo entre sesión y sesión.

Nuestro ego prefiere malo conocido que bueno por conocer, por lo tanto, suelen aparecer comportamientos mentales que se oponen al cambio, hay una parte del cerebro que odia salir de la zona de confort porque está más a gusto en terreno conocido, por lo tanto empezará a bombardearte con pensamientos que te podrían llevar a tirar la toalla.

¿Por qué hay que hacer este trabajo con este número de sesiones y no otro?

Porque es la decisión que he tomado después de la experiencia vivida al haber llevado a cabo el acompañamiento de procesos y procesos de desarrollo personal, haciendo pruebas donde pude concluir y verificar que más tiempo con sesiones semanales (encuentros presenciales u online conmigo) es innecesario y menos tiempo es arriesgado por lo mencionado anteriormente (efecto memoria de patrones mentales antiguos).

Lo aprendido requiere un tiempo de práctica con supervisión, con la intención de integrarlo y para que sea recordado con la intensidad necesaria para ser grabados los nuevos hábitos de comportamiento.

¿Cuánto tiempo me va a requerir seguir el programa en mi día a día?

Tendrás que llevar a cabo algún que otro ejercicio que requerirá por tu parte la voluntad de buscar un lugar y cortos espacios de tiempo para la consecución de los mismos. Y la hora y media que necesitamos semanalmente para nuestra sesión, cita que será acordada y agendada con antelación.

El resto te será muy llevadero, ya que comprenderás que los beneficios del cambio que necesitas y que irás consiguiendo, tienen que poder ser extrapolables, utilizables y experimentables a diario, practicando, a medida que se logre aumentar la inteligencia emocional, en tus relaciones en general y con tus hijos en particular.

¿Por qué Maternidad Anticulpa es distinto de otros programas terapéuticos?

Porque no está hecho para todo el mundo.

Este Programa está creado específicamente y muy particularmente para una mujer como yo que haya generado el hartazgo suficiente para estar dispuesta a cambiar algo en ella, para lograr los cambios suficientes y no “volver a ser la que era” o “tener la vida de antes”, sino que para conseguir tener una mejor vida y sentirse mejor que nunca habiendo aprendido de lo vivido.

¿Por qué tengo que confiar en que Maternidad Anticulpa es para mí?

Pues porque ha llegado el momento de dejar atrás ciertas conductas que ponían el foco y la atención en los demás, sobre todo en tus hijos, y ahora te toca a ti cuestionar viejas creencias que te han acompañado hasta el día de hoy y que han provocado en ti un tipo de pensamientos que te han llevado a tener ciertos estados anímicos de los que has querido deshacerte sin éxito hasta ahora.

Mi objetivo con este programa es que dejes atrás la queja, la culpa, el llanto y la postura de víctima, y que empieces a analizar, cuestionar, decidir y buscar espacios de aprendizaje para ti, respetando siempre el cómo te sientes ahora como punto de partida.

¿Qué tipo de terapia haces?

Mi trabajo terapéutico se fundamenta en el Coaching Ontológico y la Espiritualidad como motor del cambio y del desarrollo personal. Como Coach Holística mi intención primera es ayudarte a conectar con tu esencia y tu yo interno.

Te brindo un espacio seguro y de apoyo para que antes de la consecución de logros en tu vida, explores tus creencias, valores y emociones más profundas, sobre todo aquellas que no te dejan avanzar.

Llevo años haciendo terapia y nunca he sentido mejoras, ¿cómo sé que tú me puedes ayudar?

Sé qué igual por tu cabeza pasan algunos de estos pensamientos ahora mismo:

  • Va a ser difícil que yo cambie.
  • Me da miedo el cambio.
  • ¿Qué pasará con las relaciones que tengo ahora mismo si yo cambio?
  • Por momentos creo que prefiero lo malo conocido a lo bueno por conocer.
  • Si cambio y dejo de hacer lo que hice hasta ahora, me convertiré en una mala madre.
  • Este cambio, ¿me va a suponer dedicarme a esto demasiado tiempo que no tengo?
  • No creo que deba gastar dinero en esto, con todos los gastos que tengo ahora mismo.
  • Me da vergüenza que en mi entorno se enteren de que me estoy tratando.

Si te puedo ayudar o no, voy a saberlo, pero siempre después de contactar contigo en ese primer encuentro, en esa primera llamada en la sesión de valoración gratuita. Mi experiencia me ha demostrado que tengo despierta la intuición suficiente para saber a quién puedo ayudar y a quién no, y hasta ahora, he acertado. Pero si en algún proceso siento que me he equivocado y la conexión no funciona estoy dispuesta a devolverte el dinero correspondiente.

No cabe duda de que cada proceso es un mundo, pero sé lo que tengo que preguntar y lo que tengo que sentir, para adentrarme a un espacio tan delicado y respetable como es tu propio proceso de desarrollo personal, a través de mi Programa.

He dicho en más de una ocasión que no y estoy muy orgullosa por esto. Me apasiona el mundo emocional del ser humano y me formé como coach para hacer procesos de acompañamiento a mujeres. Desde hace un tiempo he decidido vivir de ello y asumo la brutal responsabilidad que esto conlleva.

Carta abierta a todas las mujeres que piensan que han fracasado como MADRES:

Mujeres que se sienten agotadas, decepcionadas e invisibilizadas.

Madres que viven en un bucle de desesperación y culpa porque tienen la sensación de que, hagan lo que hagan, la relación con sus hijos no mejora.

Madres que se sienten incapaces de poner límites y a las que les cuesta priorizarse.

Mujeres que lidian cada día con un sentimiento de insuficiencia continua que no las deja disfrutar de la maternidad como a ellas les gustaría.

A todas las que se les pasan por la cabeza cosas como…

¿para qué habré sido madre?

¿dónde se puede desapuntar una del papel de madre?

Si te has sentido identificada con algo de lo que acabas de leer, déjame decirte que no estás sola.

Que te entiendo.

Y que, aunque te cueste creerlo, hay muchas más madres de las que piensas que se sienten igual que tú.

Y esto no solo lo digo porque yo haya pasado por lo mismo, sino porque que hay infinidad de estudios que lo respaldan, como el que hizo Danone en 2023 con más de 14.000 madres —en colaboración con Malasmadres— y del que se extraen datos tan aterradores como este:

7 de cada 10 mujeres se sienten culpables por no ser la “madre perfecta” que se espera de ellas.

En este punto, lo fácil sería culpar al sistema. Pero no es mi estilo, aparte de que no creo en «la culpa», creo en la responsabilidad. Lo que subyace tras la sensación de ser mala madre es un sentimiento de «no valía» como mujer.

Querer ser una buena madre, según los estándares, te acaba minando. Cuando te pones en «modo perfecta», obtienes justo lo contrario a lo que deseas: tus hijos se alejan más.

Por eso, a través de esta carta, me dirijo a ti para decirte que basta ya de sentir culpa por todo.

Esta carta es también un grito de reivindicación para decir: hasta aquí.

Basta ya de hacernos creer que los hijos siempre son lo primero.

Basta ya de sentir culpa por no haberlo hecho mejor. Por querer recuperar nuestra vida. Por priorizarnos.

Y, en este bucle, las madres podemos sentir culpa hasta por respirar y sentirnos culpables hasta por la muerte de Manolete.

Mediante estas líneas quiero contribuir a derribar el mito de la madre perfecta
y poner mi granito de arena para que las mujeres que sufren la presión de ser buenas madres, se liberen de una puta vez de esa carga y empiecen a disfrutar de la maternidad.

Por eso, tal vez parte de lo que estás leyendo aquí te está incomodando. Hay verdades que no gusta escuchar. Lo sé porque a mí me ha pasado.

 

Y ahí va la primera verdad incómoda:

Para mejorar la relación con nuestros hijos, es necesario primero hacernos cargo de nosotras mismas.

Y luego ya, de nuestros hijos.

Y romper con esa mierda de expectativas (autoimpuestas en muchos casos) que nos dicen cómo debe ser una madre para ser buena.

Ser una buena madre de verdad es haber logrado tener primero una relación sana con nosotras mismas. La buena noticia es que ser madre es una oportunidad de oro para aumentar el amor propio a través de los hijos. Sí, es duro, pero es posible y enriquecedor.

Por eso, aquí, la protagonista principal eres tú, no tus hijos.

Muchas madres, luchan por mejorar la relación con sus hijos, pero —desgraciadamente— no lo hacen de la mejor manera, porque nadie les ha explicado cómo hacerlo. Entre otras cosas, porque nadie lo sabe.

Y para colmo se proyecta una imagen idílica de la maternidad, que no es real en absoluto.

Segunda verdad incómoda:

Tus hijos te muestran las heridas que tienes como mujer y como ser humano.

Ellos actúan como un espejo, mostrándonos nuestras propias inseguridades, miedos o traumas. Nos llevan a confrontar aspectos no resueltos de nuestra vida, en todos los ámbitos.

Tercera:

Nuestros hijos no tienen la capacidad de hacernos sentir nada que nosotras no tengamos dentro.

Cuestionémonos alguna de esas frases que repetimos tanto: «estoy así por tu culpa», «me estás amargando la vida», «tú eres el culpable de mi infelicidad», «sacas lo peor de mí»… ¿No será que eso que sacan de nosotras ya estaba dentro? Emociones reprimidas y dolor guardado desde hace mucho tiempo.

Cuarta verdad incómoda:

Lo que estás viviendo, incluso sufriendo, es justo lo que necesitas en este momento.

Recuerda que la vida es un aprendizaje constante y que más que las casualidades, existen las causalidades.

Y Quinta:

El hijo con el que más chocas, se convertirá en tu maestro de vida.

Es con el que más tendrás que poner en práctica la nueva versión de ti, esa que irás consiguiendo a medida que avances en un proceso de acompañamiento como el que yo te ofrezco.

Mira, ten clara una cosa: tienes derecho a sentirte plena y feliz. Cuando te des ese permiso, cuando sueltes el miedo y el control, cuando te ocupes primero de ti y dejes de priorizar siempre a tus hijos, empezarán a pasar cosas como estas:

Ahora bien, si sigues postergando la decisión de coger las riendas de tu vida emocional y ocuparte de verdad (y de una vez por todas) de ti misma, la situación se puede volver muy complicada:

una mala relación con los hijos provoca una mayor tendencia a despreocuparse de una misma y ¿qué sucede cuando te olvidas de ti?

Somatizas dolores y molestias en tu cuerpo, y aumentan las posibilidades de que la enfermedad físico o mental aparezca.

Vives haciendo un sobreesfuerzo que te lleva a estar agotada, desmotivada y desanimada todo el día. No te aperece arreglarte ni hacer vida social.

Tienes tan baja energía vital que atraes situaciones incómodas o dolorosas.

Tiendes a alimentarte peor porque, debido a tu baja vibración, resuenas menos con la comida sana.

Te cuesta vincularte de forma sana con tu pareja u otras personas.

Necesitas ayuda para salir de ahí lo antes posible y poner fin a tus fugas energéticas

Como ves, el coste de vivir una maternidad inconsciente es inasumible:

vivir en un caos constante que, inevitablemente, afecta a tu sistema nervioso.

Cuando ocurren este tipo de desajustes en nuestro interior, el victimismo se convierte en nuestra forma de vida. Dejamos de vivir para pasar a sobrevivir, lo que indica que estamos obviando aprendizajes pendientes.

No escuchar a nuestro corazón y a nuestra intuición fuerza a nuestra mente, al ego, a tomar el mando. Y en una vida guiada solo desde la cabeza prevalecerá la reacción, el miedo y la búsqueda de personas y cosas que llenen los vacíos. 

La vida, vivida desde este nivel de inconsciencia, se volverá una puta locura.

Así que, en este punto, te invito a reflexionar.

Scroll al inicio